Análisis de Coyuntura

La participación ciudadana es más que quejarse

05 de Octubre del 2014

Sara Sofía Alpuche de Dios*

En España, México y el resto de Latinoamérica, cuando nos quejamos nos desfogamos y sentimos que con eso hemos participado como ciudadanos; en cambio, el modelo anglosajón involucra actuar y poner la queja o el reporte con la autoridad competente y monitorear hasta que se le dé respuesta a la petición hecha.
Este comentario lo hizo un consultor español en la última sección de Beers and Politics, donde expertos temas políticos, consultores e interesados nos reunimos para hablar de diferentes asuntos en relación a la política.
En principio sentí que esta aseveración no era tan tajante.
Entonces, seguí reflexionando y recordé que durante una conferencia en una Facultad de Ciencias Políticas, al preguntarles a los alumnos quién conocía a su diputado federal, un 40% levanto la mano. Menos del 1% se había comunicado con su diputado odelegado. Esto es preocupante, si estamos hablando de gente interesada en la política.
Más tarde pensé sobre las veces que nos queda mal una compañía y no reclamamos o nos aguantamos. Sea en un restaurante, un viaje, etcétera. Incluso, a veces, con tal de evitar el conflicto, estamos dispuestos a pagar los platos rotos.
Esa actitud: no decir en voz alta lo que nos molesta a quien corresponde, permite que se aprovechen de nosotros. Permite que nuestras quejas no sean importantes para quien puede cambiar las cosas.
Esa actitud es lo que permite que alguien se nos meta en la fila y no digamos nada.
Un amigo cercano que trabaja en hotelería, recientemente me comentó que en su área laboral ve más casos de estadounidenses y canadienses que se quejan ante la Profeco si en algo no se les atendió bien.
En cambio, en nuestra mayoría, los mexicanos, en caso que nos lleguemos a quejar, casi siempre lo hacemos directamente con el hotel o restaurante, donde nos piden llenar una hoja con nuestra queja que el prestador de servicios tira después que el cliente se ha retirado. Nosotros nos sentimos felices una vez que hemos expresado nuestra queja.
La participación se da en casos de urgencia, es cuando nos unimos y en la generalidad del día a día, dejamos pasar los problemas de nuestra colonia, delegación o municipio.
Cuando la banqueta está rota nos acostumbramos a rodearla; cuando el semáforo no sirve, esperamos “pacientemente” en el tráfico que se ocasiona.
Pero si queremos que las cosas cambien, que nuestra voz sea tomada en cuenta, no basta con quejarnos en un café con los amigos.
Se necesita conocer a nuestros diputados, a nuestros delegados o presidentes municipales; saber en dónde se reporta cualquier servicio que nos esté haciendo falta (vía telefónica, redes sociales, etc.). Ya hay muchos gobiernos que dan sus teléfonos, redes sociales o incluso construyen aplicaciones móviles para que el ciudadano reporte lo que haga falta.
Indignarse no es suficiente. Es saber qué está pasando cuando está pasando, no cuando las leyes ya fueron aprobadas.
Sé que culturalmente nos cuesta reclamar nuestros derechos: por pena, porque me van a ver feo... Porque quizá no me respondan. Pero hacerlo nos dará más satisfacción que quejarnos y estaremos ejerciendo nuestra participación ciudadana y demostrando que nos importa nuestro entorno, nuestra delegación o municipio, nuestro estado y nuestro país.


*Comunicóloga por la Universidad de las Américas, Puebla. Maestra en Publicidad y Comunicación Corporativa por la Universidad Autónoma de Guadalajara, México. Maestra en Marketing Político por la Universidad Autónoma de Barcelona, España. Directora General de EvoluciónMKT.

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